El Barça espera un gesto de Julián Álvarez mientras se complica la vía Kroupi
El nombre de Julián Álvarez ha vuelto a ganar peso en la agenda del FC Barcelona. El delantero del Atlético de Madrid aparece ahora como la gran apuesta del club azulgrana para reforzar la delantera, en un escenario marcado por la baja de Eli Junior Kroupi, que estará entre tres y cuatro meses fuera de los terrenos de juego.
En Cataluña se interpreta que la lesión del francés puede acelerar las cosas, aunque en el Barça mantienen la misma postura: no habrá un nuevo paso adelante mientras el jugador no deje claro que quiere salir del Metropolitano. La primera propuesta, cercana a los 100 millones de euros, ya fue rechazada por el Atlético.
Una opción que se cae en el momento menos oportuno
Kroupi figuraba entre los nombres estudiados por la dirección deportiva para cubrir la salida de Robert Lewandowski. El atacante del Bournemouth había firmado 13 goles la pasada temporada, con cinco tantos en las últimas ocho jornadas, pero una fractura en el quinto metatarsiano ha frenado cualquier operación relacionada con él.
El futbolista pasó por el quirófano y, en principio, no volverá hasta finales de octubre o noviembre. Además, el Bournemouth ya había rechazado dos ofertas del FC Barcelona antes de la lesión y no tenía intención de negociar su marcha este verano.
Ese contratiempo reduce el margen de maniobra de Deco y Hansi Flick, que siguen necesitando una referencia ofensiva para competir en LaLiga. Las alternativas que quedan sobre la mesa no ofrecen el mismo equilibrio deportivo y económico que buscaba el club.
La vía que pasaba por el Arsenal tampoco ha terminado de abrirse. El club inglés ha cambiado sus prioridades y ha dejado de ser un foco de movimientos en el mercado de delanteros, lo que resta otra posible salida al plan azulgrana.
El Atlético no se mueve sin una petición clara
Álvarez ya ha trasladado a su entorno que le gustaría vestir de azulgrana. Durante el Mundial llegó a admitir que había hablado con las personas adecuadas y que una transferencia podía ser la mejor solución para todas las partes implicadas.
Sin embargo, el Atlético de Madrid no da por suficiente esa postura. El argentino tiene contrato hasta junio de 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros, dos argumentos con los que el club rojiblanco sostiene su control total sobre la operación.
La entidad madrileña rechazó la oferta próxima a los 100 millones y mantiene que no necesita vender. Desde el entorno del futbolista se entiende, en cambio, que existía el compromiso de estudiar una salida si llegaba una propuesta acorde con su valor de mercado.
El FC Barcelona, mientras tanto, ha optado por esperar. No habrá una nueva ofensiva hasta que Álvarez pida formalmente el traspaso o dé un paso público que obligue al Atlético a replantearse su posición.
La fecha del 10 de agosto aparece ahora como un punto de referencia en la operación, porque es el día previsto para que el delantero vuelva a los entrenamientos con Diego Simeone. Si regresa sin novedades, el Atlético reforzará su postura y el margen para cerrar cualquier acuerdo quedará todavía más reducido.